La finalidad de la Educación infantil es el
desarrollo de las capacidades cognitivas,
motrices, sociales y afectivas de los niños, que
se concretan en los objetivos generales,
principal referente de la actividad evaluadora.
La evaluación del aprendizaje será global, ya
que se refiere al conjunto de capacidades; será
continua, dado que es inseparable del proceso de
enseñanza, y será formativa porque permite
regular, orientar y corregir el proceso
educativo.
En el primer ciclo de Educación infantil la
individualización de la enseñanza es
fundamental, por lo que la función primordial de
la evaluación consiste en ajustar la
programación y recursos metodológicos a las
características individuales de cada uno y
determinar si es apropiada la intervención
educativa.
El sentido de la evaluación es proporcionar
información a los educadores para orientar,
regular y corregir, de manera continua, el
proceso de enseñanza y aprendizaje, adaptándolo
a las necesidades educativas de cada uno e
incidiendo en los resultados y en el proceso de
la intervención educativa.
El equipo educativo tiene autonomía para decidir
cómo y cuándo evaluar el grado de consecución de
las capacidades, por lo que lo concretará según
las características de los niños y el contexto
sociocultural de su centro. Los criterios de
evaluación, las estrategias y medidas de
refuerzo y adaptación curricular se elaborarán a
partir de los propios objetivos y contenidos,
así como las técnicas e instrumentos que se van
a utilizar para recoger y consignar dicha
información.
La actitud evaluadora debe evitar la formación
de conceptos prematuros sobre los niños o de
expectativas sobre sus posibilidades. El empleo
de etiquetas o valoraciones puede resultar
perjudicial si acaban por determinar la imagen
que los propios niños adquieren de sí mismos.
La familia tiene un papel fundamental en el
proceso de evaluación, ya que esta no se concibe
solo como resultado de la observación y análisis
de los educadores, sino que es producto del
diálogo continuado de estos con los padres. La
complementariedad de las observaciones permite
formular estrategias educativas coherentes y
eficaces, intercambiar experiencias y propuestas
educativas, favorecer las relaciones entre la
familia y la escuela y obtener una visión más
objetiva y completa de cada niño y niña.
1. ¿Cómo
debe evaluarse el proceso de aprendizaje en la
etapa de 0 a 3 años?
Para la evaluación de los aprendizajes, la
observación sistemática es el método
privilegiado de recogida de información sobre
cada niño individualmente y sobre el grupo del
que se es responsable.
La evaluación inicial tiene por objeto
proporcionar información sobre las primeras
experiencias y capacidades de los niños en
relación con nuevos contenidos de aprendizaje.
Las fuentes de información que aportan datos
relevantes para esta evaluación son diversas y
su importancia depende del momento y de los
objetivos que se pretenden conseguir: inicio de
escolaridad, inicio de curso, inicio de un
determinado aprendizaje…
Al inicio de la escolaridad, se recogerá la
información facilitada por las familias sobre el
proceso de desarrollo del niño. Además, se
incluirán los datos aportados en las
observaciones realizadas durante las primeras
semanas de su estancia en el centro, que
informarán del grado de desarrollo de las
capacidades básicas de cada uno de los niños.
A lo largo del ciclo, y de forma continua, el
educador utilizará las distintas situaciones
educativas para analizar los progresos y
dificultades de cada uno, con el fin de ajustar
la intervención y estimular el proceso de
aprendizaje.
Cada educador concretará en los objetivos
didácticos el grado de las capacidades esperado
en cada unidad de programación. Estos objetivos
guiarán la acción educativa y constituirán el
referente de la evaluación continua.
El educador recogerá y anotará los datos
relativos al proceso de evaluación continua y
elaborará los informes de evaluación con los
aspectos más relevantes del proceso de
aprendizaje de cada uno. Dicho informe
reflejará, si han sido necesarias, las medidas
de refuerzo y adaptación.
La información que se facilite a las familias
deberá adoptar un carácter cualitativo, y en
ella se expresarán los progresos en los
distintos ámbitos más que las carencias y
dificultades. Se tratará de compartir la
evaluación realizada en la escuela con las
valoraciones y observaciones de la familia con
respecto a su hijo, para establecer líneas de
colaboración y ayudarlos a avanzar. Para ello,
el equipo educativo debe seleccionar la
información que pueda ser más significativa para
las familias.
2. ¿Cómo
debe evaluarse el proceso de enseñanza en el
primer ciclo de la etapa de Infantil?
Analizar y evaluar la acción educativa y las
actividades son tareas en las que intervienen
muchos factores, dependiendo del enfoque
metodológico que se adopte. Los educadores han
de constatar qué aspectos de su intervención han
favorecido el aprendizaje y en qué otros podrían
incorporarse cambios o mejoras. Estos resultados
incidirán en la planificación de la práctica
educativa.
Los elementos que pueden ser objeto de
evaluación son:
a) Intervención con el alumnado.
b) Organización del espacio, materiales y
tiempos.
c) Adecuación de las programaciones y las
actividades desarrolladas.
d) Medidas de refuerzo o adaptaciones según las
características individuales.
e) Relaciones familia y escuela.
f) Coordinación entre los componentes del equipo
educativo.
g) Participación en el diseño, desarrollo y
evaluación de los documentos de organización de
la escuela y programación educativa.
Las respuestas a las
preguntas anteriores están tomadas íntegramente del Currículo de la Etapa
de Infantil de Aragón, publicado como Anexo a la
ORDEN de 28 de
marzo de 2008, del Departamento de Educación, Cultura y Deporte del
Gobierno de Aragón. (BOA 14-04-2008)