LA CRISIS SUICIDA. PROPUESTAS PARA SU MANEJO 

 

 

 

 
 
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La crisis suicida. Propuestas para su manejo.

Autor.- Prof.Dr. Sergio Pérez Barrero
Fundador de la Sección de Suicidiología de la Asociación Mundial de Psiquiatría
Fundador de la Red de Suicidólogos Iberoamericanos.
Asesor Temporal de OPS/OMS para la Prevención del Suicidio en Las Américas. Miembro Fundador de ASULAC
Miembro de IASP, AITS, IASR.

 

Resumen:

El autor expone diversas características de la crisis suicida, sugiere algunas técnicas para manejarla haciendo énfasis en el significado del acto suicida y ofrece medidas útiles para evitar la ocurrencia de suicidio durante la hospitalización de los individuos en peligro de autoagredirse.

Palabras claves: crisis suicida, suicidio.

 

Abstract:

The author exposes diverse characteristics of the suicidal crisis, and suggests some techniques to manage it, making emphasis in the meaning of the suicidal act and offers useful measures to avoid the suicide occurrence during the hospitalization of the individuals with deliberate self harm danger.

Key words: suicidal crisis, suicide.

 

 

Introducción

El manejo de la crisis suicida es complejo, porque hay que tener en cuenta que no es lo mismo manejar una crisis suicida ambulatoriamente que hospitalizado en una sala de psiquiatría de un hospital general, en una unidad de intervención en crisis, una unidad de Suicidiología o un centro penitenciario.

El terapeuta debe tener un mimetismo camaleónico para poder adaptarse a las múltiples formas en las que se puede presentar una crisis suicida. Sin embargo, en el manejo de este tipo de crisis es imprescindible tomar aquellas medidas que garanticen que el sujeto llegue vivo a los especialistas y es crucial que los toxicólogos, intensivistas, caumatólogos y cirujanos estén actualizados en sus respectivas áreas del saber en cuanto al tratamiento de los que intentan el suicidio porque también ellos forman parte de la cadena de atención al suicida.

 

Desarrollo:

La crisis suicida  es aquella en la que, una vez agotados los mecanismos adaptativos, creativos o compensatorios del sujeto, emergen las intenciones suicidas, existiendo la posibilidad que el sujeto resuelva la situación problemática mediante la autoagresión intencionada, requiriendo este tipo de crisis un manejo apropiado del tiempo, ser directivo y tratar de mantener a la persona con vida como principal objetivo. Su duración es variable, puede durar minutos, horas, días, raramente semanas y se debe hacer uso de todos los recursos disponibles para mantener con vida al individuo hasta que la crisis cese.

 La hospitalización no evita el suicidio, pues no son pocos los pacientes que lo consuman en las salas de Psiquiatría, principalmente cuando no se toman las medidas de vigilancia continua mientras dure la crisis suicida lo cual es  importantísimo.

Una forma de manejar una crisis suicida es conocer cómo se sienten esas personas aquí-ahora, en esos momentos críticos. Lo común en ellas es sentirse terriblemente solas, sin nadie interesado en entenderlas. En muchas oportunidades, el aislamiento en que se sumergen les facilita estos sentimientos. Con frecuencia consideran a la vida carente de sentido alguno, suponen que las demás personas se sentirían mejor si ellas no existieran y es preferible estar muertas. Se sienten pesimistas, creen que nada les ha salido, les sale ni les saldrá bien en sus vidas, que son una calamidad y que sus dificultades no tienen solución. No son pocos los desesperados cuyas fantasías suicidas en sus mentes, cada minuto que pasa se hacen más firmes y convincentes. Pero unido a ello sienten también muchos deseos de seguir viviendo si determinados cambios ocurrieran, si se les brindara un poco de ayuda. Es conveniente eliminar el criterio equivocado  de no poder ayudarlos con el simple sentido común, pues ellos sólo necesitan que se les escuche y se les asista. (1, 2)

Ante una persona que le confía sus deseos de suicidarse, le sugiero lo siguiente:

  • No se alarme al recibir esta información, pero siempre tómela en serio.

  • Estimúlela a que le confíe sus problemas y cómo ellos le hacen sentir.

  • Hable usted lo menos posible para que predomine siempre la voz de la persona que sufre.

  • Toque a la persona, pues el contacto piel con piel facilita la comunicación (ejemplo: ligera presión manual del antebrazo mientras le invita a que se desahogue).

  •  No se ponga de ejemplo, ni le hable de usted y sus experiencias personales.

  •  No le dé las soluciones que fueron buenas para usted, pues puede ser que para ella no sirvan en lo absoluto.

  •  Si no se siente seguro en lo que está haciendo, pida ayuda. No es aconsejable el manejo en solitario de personas con riesgo de suicidio cuando haya inseguridad.

  •  Acompáñela hasta que el peligro haya pasado, lo cual puede manifestarse al ser capaz de expresar verbalmente su crítica hacia los pensamientos suicidas, cuando mejora su estado de ánimo, y se muestra más relajada, tranquila, cooperadora e interesada por las actividades cotidianas.

  • Si el riesgo suicida persiste, lleve al sujeto para que reciba atención psiquiátrica especializada.

  •  No es aconsejable hablarle al sujeto en crisis suicida acerca de las supuestas bondades que tiene la vida, pues eso es, precisamente, lo que ellos no perciben. (3)

Hay un aspecto muy frecuente entre los profesionales de la salud que no dominan el tema del suicidio y los suicidas y se trata de quienes consideran que los que intentan el suicidio  desean obtener una ganancia secundaria o llamar la atención. Creo que todos los seres humanos somos gananciales, porque todo se hace por algo y para algo. Lo que sucede es que aplican este concepto de ganancia secundaria descontextualizado de la terapia analítica, en la que también se menciona una ganancia primaria.

Insisto en esto porque hay que generalizar esta supuesta ganancia secundaria, no solo a los pacientes, sino a los terapeutas, familiares, etc. para que no se pretenda creer o hacer creer que quien único es ganancial es el que sufre. Lo segundo es con relación a llamar la atención. Yo considero que el que intenta el suicidio desea llamar la atención, de la misma manera que desea llamar la atención quien se viste elegantemente.

Todos los seres humanos desean llamar la atención, lo que algunos la llaman auto agrediéndose, para comunicarnos que están sufriendo, que algo no anda bien, que se le han agotado los mecanismos de afrontamiento exitosos.

Otra forma de manejar a estas personas con riesgo de suicidio, es aquella en la cual lo primero que se debe hacer es realizar el diagnóstico del significado de quitarse la vida para quien desea hacerlo o lo haya intentado. No todos los que se autoagreden tienen reales deseos de morir. A los efectos resultantes de autoagresiones sin propósitos de muerte se les denominan daños autoinfligidos.

Muchos se infligen daño para evitar con ello el dolor físico, síntoma fundamental ocasionado por determinada enfermedad, y no es menester la evidencia del mismo, sino que pueden atentar contra la vida a causa de lo por venir, como es el caso de enfermedades incurables. En esta situación, lo esencial es asegurarle al individuo que existen los medicamentos fundamentales en cantidad suficiente para hacerle frente a esta contingencia y, de fracasar, hay otras técnicas para poner fin al dolor, disponibles en instituciones especializadas.

Algunos desean con el suicidio agredir a otros seres queridos por lo que se hace provechoso discutir el tema de la agresividad y cómo hacerla socialmente útil, pues no es malo ser agresivo, sino hacer un mal uso de ella. Un boxeador que no sea agresivo no es un buen deportista, pues en todos los deportes de combate la agresividad es fundamental. Y ni siquiera en estos casos puede ser utilizada a tontas y a locas, sino de manera inteligente que se traduzca en la victoria. En lo cotidiano hay que hacer lo mismo.

Otros reaccionan de esta manera ante la pérdida de una relación valiosa, y en estos casos se les debe recordar otras pérdidas que hayan precedido a la actual, relacionar los estados anímicos pasados con los presentes y valorar en qué medida esta situación ha vuelto a tener el mismo significado de las experiencias pasadas  pero ahora es un adulto y se espera de él enfrentarlas de forma más madura, más realista, menos dependiente, menos dañina para él y los que le rodean.

Muchos de los que intentan contra su vida nos están indicando que en ellos ha hecho su debut determinada enfermedad mental de importancia, con necesidad de atención especializada cuanto antes por el peligro de llegar a consumar el suicidio, y se hace impostergable la orientación hacia una clínica psiquiátrica para su diagnóstico, tratamiento y seguimiento de su evolución por profesionales competentes.

Algunos recurren al suicidio tratando desesperadamente de pedir ayuda por encontrarse ante un problema, incapaces de resolver por sí solos, pues sobrepasa sus capacidades de ajuste. En estos casos, lo mejor será retirarlos de la situación conflictiva si fuera posible mediante cambio de ambiente, hospitalización, etcétera, enseñarles otras variantes de afrontamiento y pedir apoyo a cuantas personas tengan que ver con este individuo y la solución de su contrariedad.

Hay quienes desean quitarse la vida para salir de una dificultad agobiante como pudiera ser una relación conflictiva y difícil, una situación socioeconómica precaria, responsabilidades ineludibles para las que no se está preparado, etc. Una buena alternativa en estos casos es brindar apoyo emocional al sujeto, calor humano y valorar de qué manera el estrés puede ser reducido para aliviar sus tensiones. (4)

En cuanto al contrato o suicida que por definición es  un pacto que realiza el terapeuta  con un sujeto en riesgo de suicidio que persigue como objetivo primordial comprometerlo a que no se dañe a sí mismo, a no intentar el suicidio,

responsabilizándolo con su propia vida. Sin embargo el contrato no suicida no garantiza que el sujeto no cometa suicidio por lo cual nunca debe ser utilizado con aquellos individuos que no se encuentren en condiciones evidentes de cumplirlo. (5)(6)

Se considera que los suicidas deben morir en los hospitales psiquiátricos al igual que los cancerosos mueren en los hospitales oncológicos y que debe haber sido evaluado por un psiquiatra o psicólogo antes de cometer suicidio.

Parece paradójico pero no lo es pues ello significaría que fue detectado en la comunidad, atendido por el medico de atención primaria y derivado a ingreso en un centro especializado. Y si se suicida es porque es un sujeto con una elevada suicidabilidad, que a pesar de las medidas tomadas, logro sus propósitos. O también porque a ese nivel no fueron tomadas las medidas correspondientes. Este seria un intento de establecer un paralelismo entre otras causas de muerte y el suicidio.
Ahora bien, en los hospitales hay que tomar determinadas medidas que pueden reducir la ocurrencia de intentos de suicidio y suicidios consumados, como a las que a continuación se mencionan:
1.- Marcar en rojo la historia del paciente y separarla del resto de las historias clínicas de otros enfermos que se encuentren hospitalizados por otras condiciones.

2.- Los pacientes con riesgo de cometer suicidio deben ser ubicados en un cubículo  donde la enfermera pueda observarles  constantemente durante las 24 horas del día.
3.- Advertir a todo el personal que labore en la sala de hospitalización acerca del peligro suicida.

4.- Advertir a los familiares del peligro suicida y a los que le relevan en el cuidado del sujeto hospitalizado.

5.- Permitir que el familiar se quede acompañando permanentemente al sujeto mientras exista peligro suicida.

6.-Evolucionar el plan suicida como objetivo fundamental del pase de visita medico, el cual puede realizarse varias veces al día si el riesgo suicida se incrementa.
7.- Imponer tratamiento con la droga necesaria según la condición que padezca el individuo, a la dosis adecuada y durante el tiempo suficiente.

8.- Cuando mejore motoramente y persista la ideación suicida incrementar la vigilancia ya que se incrementa el peligro suicida debido a que permanece la ideación suicida y esa mejoría le permite llevarlo a cabo con mayor facilidad que cuando estaba lentificado motoramente.

9.- Si el peligro suicida es importante fijar químicamente al sujeto (las personas dormidas no cometen suicidio), para lo cual se puede utilizar cualquier psicofármaco que garantice su sedación.  

10.- Si el peligro suicida es inminente sugerir a los familiares aplicar TEC y lograr su consentimiento informado, explicando los pormenores del tratamiento, sus ventajas y efectos adversos posibles. De preferencia debe utilizarse la variante unilateral si se trata de personas que tienen profesiones que requieren conservar sus habilidades cognoscitivas. La experiencia ha demostrado que para los cuadros depresivos con grave riesgo de suicidio son suficientes seis aplicaciones, las que pueden ser realizadas en días alternos.  

11.- Si tiene dudas en el manejo del paciente con grave riesgo de suicidio, pida ayuda a otro personal mas calificado en el servicio de Psiquiatria o interconsulte con un suicidiólogo de experiencia. Recuerde siempre que la crisis suicida dura minutos, horas, días, raramente semanas y el objetivo principal debe ser mantener con vida al sujeto hasta que la crisis pase.

Estas son algunas de las orientaciones que debe ofrecerse al personal de la sala del hospital al cuidado de pacientes con riesgo de cometer suicidio.

La hospitalización forzosa, debe ser un recurso a utilizar cuando todos los demás se agoten, pues se han hecho investigaciones que arrojan como resultado una mala evolución de estos casos, resultado que tiene que ver, no tanto con lo forzoso del internamiento, sino con aquellas condiciones que conllevan utilizar este recurso y no otros.

Finalmente un aspecto muy importante del manejo de la crisis suicida es la responsabilidad medicolegal, la buena o mala praxis en el manejo del comportamiento suicida pues una de las características del duelo de los terapeutas, es que entre sus manifestaciones se encuentra el temor a ser objeto de represalias incluyendo las demandas legales por parte de los familiares, evadir el encuentro con ellos, considerarse incompetentes, no desear volver a tratar pacientes con riesgo de suicidio, etc.

Por suerte para los que tratamos con estos individuos, los pleitos judiciales son realmente muy escasos cuando se hace lo debido. Además se evita cualquier demanda legal y cualquier represalia o difamación cuando se logra una verdadera relación terapeuta- paciente- familia. Mantener vivo a un suicida es una tarea difícil, que nunca debe ser asumida a solas, ni con omnipotencia. Debe ser un trabajo del sujeto, su familia, el terapeuta y todos los interesados en mantener con vida a esa persona.

Y cuando ocurre el suicidio, la postvencion la debemos iniciar en el propio funeral. (7,8)

 

Conclusiones:

El manejo de la crisis suicida debe adaptarse a la situación concreta en que se realiza y a las particularidades del individuo que la padece, sin perder de vista que su objetivo esencial es mantener con vida al sujeto hasta que la crisis, que dura minutos, horas, días, raramente semanas haya finalizado.

 

 

Bibliografìa

1.      Pérez Barrero SA.(1999) Lo que Ud debiera saber sobre... Suicidio. Ed. Imagen Gráfica SA de CV.

2.      Pérez Barrero SA.(1997). El Suicidio. Comportamiento y Prevención. Ed. Oriente. Santiago de Cuba.

3.      Pérez Barrero SA. (2000). Psicoterapia del comportamiento suicida. Fundamentos. Ed. Hosp. Psiq.de la Habana.

4.       Pérez Barrero SA (2001) Psicoterapia para aprender a vivir. Editorial Oriente. Santiago de Cuba. Cuba.

5.      Pérez Barrero SA (2003). La Adolescencia y el comportamiento suicida. Ediciones Bayamo.

6.      Pérez Barrero SA (1997). “Significados del acto suicida en adolescentes y jóvenes sobrevivientes.” Rev. Psiquiátrica del Uruguay, N0 336, Vol. 61:101-106.

7.       Perez Barrero S. A. (2004) Prevención del suicidio por el médico general. Principios para su capacitación
Psiquiatr Biol. 2004; 11:179-85.

8.     Perez Barrero S.A.(2004) Manejo de la Crisis Suicida del Adolescente.  Boletín de la Sociedad Canaria de Pediatría, Canarias Pediátrica del BSCP Can Ped 2004:28-Nº 1 Pág. 79-89.