EDUCACIÓN EN VALORES: SALUD Y ALIMENTACIÓN

 

 

 

 

 

La salud y la educación para la salud

 

 

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La Salud, un concepto en constante cambio
Es difícil definir la salud por tratarse de un concepto cambiante que
depende de la historia y de la cultura de cada sociedad, de sus condiciones
socioeconómicas y de sus perspectivas de futuro. La antigua idea de
salud – entendida como ausencia de enfermedad– ha sido superada,
incorporándose las dimensiones psicológica y social, lo que corresponde
a una visión más integral del ser humano: La salud es el estado de completo
bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de enfermedades
(OMS, 1946). A pesar del salto cualitativo que supuso esta definición en
su día, posteriormente ha sido considerada como estática y algo utópica,
porque ¿quién disfruta de un completo estado de bienestar?
En la actualidad, la salud es considerada un proceso de desarrollo
personal que posee una faceta ecológica que tiene que ver con el equilibrio
del ser humano con su ambiente y con la necesidad de adaptación
a un entorno en continuo cambio: La salud es la capacidad de realizar el propio
potencial personal y responder de forma positiva a los problemas del ambiente.
(OMS, 1985)
Numerosos estudios han confirmado que los factores que más influyen
en la salud de las personas, sobre todo en los países desarrollados,
son los estilos de vida, además de otros como el medio ambiente cultural
y social, la biología humana y la calidad del sistema de asistencia sanitaria.

De la Educación a la Promoción de la Salud
La Educación para la Salud puede considerarse como cualquier combinación
de actividades de información y educación que lleve a una situación en la que
la gente desee estar sana, sepa cómo alcanzar la salud, haga lo que pueda individual
y colectivamente para mantener la salud y busque ayuda cuando la necesite (OMS,
1983).
Desear estar sano es una actitud básica de motivación y consideración
de la salud como un valor a conseguir. Saber cómo alcanzar la salud es un
conocimiento práctico que busca cómo llevar a la práctica las conductas
saludables. Hacer lo que se pueda individual y colectivamente para mantener la
salud aporta dos mensajes: en primer lugar, que la EpS debe proponer
vías de actuación que sean factibles para la persona o grupo, puesto que
“estamos sanos por lo que hacemos, no por lo que sabemos”, por lo que
esta actuación educativa sólo tiene sentido si los conocimientos de salud
y las actitudes positivas hacia la misma se traducen en hábitos saludables;
en segundo lugar, que los comportamientos individuales, por
importantes que sean, son insuficientes ya que la salud de una población
depende en gran medida de factores sociales y comunitarios. Buscar
ayuda cuando se necesite supone que la EpS debe enseñar a utilizar los
recursos sanitarios y sociales que nuestra sociedad nos ofrece, como
centros de salud, de SIDA, unidades de atención a las conductas adictivas,
de planificación familiar, de atención al consumidor, etc.
El entorno social tiene tanta influencia en la puesta en práctica de las
conductas saludables, que requiere de otra dimensión, la denominada
promoción de la salud. Este concepto surge como un instrumento esencial
de las políticas sanitarias al plantear intervenciones que tienen como
objetivo no sólo el desarrollo de habilidades individuales en el cuidado
de la propia salud, sino también actuaciones sociales, políticas, ambientales
y económicas, que sean promotoras de estilos de vida saludables y
faciliten que la población alcance sus objetivos de salud.
La educación y la promoción de la salud son necesarias conjuntamente
porque es difícil para una persona, sobre todo joven, enfrentarse
en solitario a las condiciones adversas que, con frecuencia en nuestra
sociedad, se plantean en torno a las opciones más saludables. Por ello,
esas actitudes no se traducirán en conductas saludables, aunque consigamos
crear en la infancia y la juventud actitudes positivas hacia la salud,
si el entorno ofrece muchas dificultades para llevar a la práctica esos
deseos (en algunos aspectos, como puede ser el consumo de tabaco u
otras drogas, la presión grupal y social que se ejerce para su consumo es
muy potente).

¿Cuándo un estilo de vida es saludable?
No podemos decir que exista un único estilo ideal de vida, porque existen
muchas formas distintas de vivir, sino que dentro de una determinada
sociedad hay muchos estilos de vida que lo son. En la mejor forma
de vida posible, siempre coexisten factores favorables junto con otros
de riesgo. Sin embargo, a pesar de esta relatividad, puede considerarse
que un estilo de vida es saludable si, en su conjunto, ayuda a aumentar
las expectativas de vida y la calidad de la misma, haciendo menos probable
la aparición de enfermedades e incapacidades. En la actualidad,
sabemos que ciertas conductas implican riesgos para la salud (como
fumar tabaco o tener sobrepeso) y otras, en cambio, la favorecen (como
realizar ejercicio físico regular o seguir una alimentación equilibrada). En
suma, los estilos de vida saludables no sólo procuran aumentar los años
de vida, sino dotar de más vida a los años.

La Educación para Alimentación y la Salud en la Escuela
como material transversal al currículo escolar

Es importante que la educación para la salud se desarrolle en la escuela
porque el alumnado se encuentra en una etapa de su desarrollo particularmente
receptiva a los mensajes relacionados con la salud. Además, la
escuela puede ofrecer a algunos niños y jóvenes la única oportunidad de
aprendizaje en un tema tan importante para su vida como es el cuidado
de su salud, y permite compensar las desigualdades sociales y culturales
de su entorno familiar.
La educación para la salud en el tema de alimentación se ha planteado
de forma transversal, por varias razones: a) es un instrumento de
educación en valores que posee contenidos conceptuales, procedimentales
y actitudinales de varias disciplinas; b) afecta a la persona en su globalidad
y responde a la finalidad esencial de la educación que es la formación
integral de los alumnos y alumnas, por lo que sólo puede desarrollarse,
si el currículo escolar se plantea de una forma holística y no
simplemente como la transmisión de un conocimiento científico.
Desde esta perspectiva, el tema de la alimentación posee contenidos
estrechamente relacionados no sólo de educación para la salud, sino
también de educación para el consumo, de educación ambiental, de coeducación,
de educación para la paz y el desarrollo sostenible de los pueblos,
y de educación moral y cívica.
Este tema ha de abordarse con una visión solidaria dado que, al existir
grandes desigualdades sociales entre los pueblos que poseen alimentos
y los que carecen de ellos, se debe provocar en los estudiantes una sensibilización
frente a esta problemática y así evitar prácticas consumistas. Al
mismo tiempo, no hay que alejarse de los problemas del entorno próximo,
ya que es importante conocer las necesidades cercanas, los alimentos disponibles
de nuestra comunidad, utilizarlos solidariamente y conocer y respetar
los usos y costumbres alimentarios de nuestros pueblos y ciudades
como una forma de proteger nuestro patrimonio cultural.
 

Información extraída del Portal del Ministerio de Educación, Política Social y Deporte.

 

 

 
 
 

 

 
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